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PARRILLA 2015

¡No Queremos Vivir en Marte!

Fortalecimiento de iniciativas de transición y transformación ecosocial mediante el empoderamiento comunicativo de la ciudadanía y de los medios locales

Por mucho que miremos hacia las luces de las sociedades industrializadas, los supuestos avances en términos sociales y económicos de las economías avanzadas son el árbol que esconde el bosque. No nos equivoquemos de diagnóstico: estamos inmersos en una crisis sistémica a nivel planetario de extrema gravedad cuyas consecuencias son todavía difíciles de prever a medio plazo. Peor aún es la respuesta de los poderes políticos y económicos a nivel global: la ilusión del crecimiento mundial sin freno pone de manifiesto la casi ausencia de alternativas viables para tratar de buscar soluciones a nivel global.

Los factores que inciden sobre este panorama son múltiples: en primer lugar hemos de prestar atención a los límites energéticos, materiales y sociales que están impidiendo que la economía real o productiva crezca, al contrario de lo que sucede con las finanzas. El alcance del pico del petróleo, así como del resto de combustibles fósiles, ponen de manifiesto la imperiosa necesidad de transitar hacia un modelo de decrecimiento energético y material a nivel global. Seguimos siendo dependientes de las grandes multinacionales productoras y distribuidoras de la energía que consumimos, que perpetúan el modelo de producción y consumo hegemónico, debilitando así el papel de la sociedad civil y las instituciones como actores de este proceso.

Por otro lado, hemos de asumir el inevitable cambio climático global, del que sólo podemos ahora mitigar el alcance y adaptarnos: si bien  los ecosistemas tienen capacidad de recuperación, la realidad es que estamos en un contexto ecológico muy deteriorado. Desde el punto de vista de la capacidad bioproductiva del planeta así como de la biodiversidad, somos más pobres que nunca. Este descenso de nuestra abundancia material y energética está poniendo en riesgo a las capas más desfavorecidas de la población así como la cohesión social de nuestros territorios. La creciente precarización del mercado laboral, producto de la anteposición del beneficio frente a los derechos de las personas por parte del sistema de producción capitalista, está aumentando las desigualdades sociales y creando focos de pobreza extrema, tanto en el Sur como en el Norte. Y las consecuencias directas son nítidas: flujos migratorios en auge, crecimiento de los extremismos, diversidad cultural vista como un peligro para la “unicidad” de la sociedad, etc.

No hemos de olvidar que en este complejo panorama la mitad de la población se encuentra fragilizada: La feminización de la pobreza se extiende en todos los ámbitos con consecuencias nefastas en una población que ya de por sí partía de condiciones de inferioridad y desigualdad en los supuestos años de bonanza. Este proceso nos conduce a tener que repensar desde las raíces los valores  que, como seres humanos, queremos promover. Sean las sociedades e imaginarios  socioculturales  que sean, el papel de la mujer en todos los aspectos de la vida está menospreciado,  invisibilizado y en la mayoría de los casos, reducido a un mero aspecto reproductor. El empoderamiento femenino no es una condición, es LA condición sine qua non para impulsar nuevos modelos de sociedad más justa y armoniosa.

No obstante algunas luces han empezado a encenderse en este sombrío camino. Desde hace algunos años, parte de la ciudadanía andaluza  toma cartas en el asunto: siempre desde lo local, numerosas iniciativas ciudadanas florecen para proponer y poner en marcha alternativas en todos los aspectos socioeconómicos de nuestra vida. Reinventan el papel de la ciudadanía, se reapropian de  los procesos de toma de decisión, y por ende, hacen crecer la ilusión de que si, no hace falta vivir mejor, podemos vivir bien. Hablamos de monedas sociales, emprendimientos de economía social, redes de producción local ecológica, proyectos de escuelas activas, nuevos modelos habitacionales, Iniciativas de recuperación de saberes tradicionales, Iniciativas de soberanía tecnológica y mil otras que contribuyen a empoderar a la ciudadanía aportando respuestas concretas: son las iniciativas de transición que fundamentan esta intervención.

Esta intervención pretende fortalecer los procesos de transición y transformación ecosocial en Andalucía mediante el empoderamiento comunicativo de la ciudadanía organizada. En 5 municipios, un ciclo de formación dividido en 2 módulos de 2 meses (comunicación audiovisual y procesos de transición) fortalecerá la resiliencia local y capacidades de incidencia comunicativa de 75 personas vinculadas a asociaciones de la sociedad civil organizada que colaboran con medios de comunicación ciudadanos. Un “mapa de la transición en Andalucía” interactivo online visibilizará a más de 75 iniciativas ciudadanas de transición y fomentará la participación ciudadana en la identificación de nuevas iniciativas. Una campaña mediática (radio, TV, redes sociales) retroalimentará este proceso. Por último, 2 seminarios para 60 comunicadores/as sobre procesos ciudadanos de transición fortalecerán las capacidades de incidencia política local y comunicativa de los medios locales de comunicación andaluces.

¡NO QUEREMOS VIVIR EN MARTE! es un proyecto apoyado por: