Salud

La importancia del sueño en personas mayores


Dormir bien en la vejez no es un lujo, sino una necesidad. Diversos estudios sugieren que la calidad y cantidad del sueño en personas mayores no solo influye en su salud física y mental, sino que también puede ser un factor determinante en la aparición o progresión de enfermedades neurodegenerativas, como la demencia vascular. La relevancia del sueño en esta población es un campo de estudio en expansión, con hallazgos que cuestionan ideas extendidas, pero equivocadas, como que dormir mal es una parte inevitable del envejecimiento y que, por tanto, los trastornos del sueño en mayores no necesitan atención médica.

Cambios en el sueño con la edad y su impacto neurológico

El sueño cambia significativamente con la edad. A partir de los 60 años, los ciclos de sueño se fragmentan, se reduce la fase de sueño profundo (N3) y disminuye la eficiencia general del sueño. Esta alteración no solo disminuye la sensación de descanso, sino que también interfiere con funciones esenciales del sistema nervioso. Estudios recientes indican que algunas alteraciones del sueño, como el trastorno de conducta durante el sueño REM, pueden anticipar la aparición de enfermedades como el Parkinson o la demencia con cuerpos de Lewy (Iranzo et al., 2024)(1).

Además, la pandemia de COVID-19 ha puesto de relieve nuevas formas de alteración del sueño. Se ha observado una alta prevalencia de insomnio, somnolencia diurna y alteraciones del ritmo circadiano en personas mayores que han padecido COVID prolongado, lo que añade una nueva dimensión a los factores de riesgo neurocognitivos (Roy et al., 2023)(2).

En este contexto, centros especializados como Lescer, dedicados a la neurorrehabilitación del daño cerebral, desempeñan un papel fundamental en la recuperación funcional de personas mayores con deterioro cognitivo relacionado con alteraciones del sueño. A través de programas individualizados, el centro Lescer ha contribuido a mejorar la calidad de vida de pacientes afectados por secuelas neurológicas, poniendo en valor la importancia de una buena higiene del sueño en los procesos de rehabilitación cognitiva y emocional.

Implicaciones cardiovasculares y metabólicas

El mal sueño también se relaciona con un mayor riesgo cardiovascular, especialmente en personas con apnea del sueño. Esta condición, más frecuente en edades avanzadas, provoca microdespertares nocturnos y desaturaciones de oxígeno que pueden afectar negativamente al cerebro. Nuevos tratamientos farmacológicos, como el sulthiame, están siendo evaluados por su capacidad para reducir los eventos de apnea, con resultados prometedores en estudios recientes (Hedner et al., 2023)(3).

Por otro lado, descansar mal puede debilitar las defensas del organismo y contribuir a que el cuerpo mantenga un nivel constante de inflamación, algo que suele ser habitual en la vejez. Esta inflamación leve, pero persistente, se ha relacionado con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades que afectan al cerebro, como el Alzheimer. Además, las alteraciones en el ritmo circadiano también se han vinculado con enfermedades metabólicas como la obesidad, la diabetes tipo 2 y problemas cardiovasculares (Foster et al., 2023)(4).

El sueño no debe considerarse un elemento pasivo del envejecimiento, sino un proceso activo y dinámico que influye directamente en la salud neurológica, vascular, metabólica e inmunológica de los mayores. Promover el sueño saludable es, en consecuencia, una estrategia de prevención primaria frente a enfermedades devastadoras como la demencia vascular.

Referencias:

  1. Iranzo A, et al. “REM sleep behavior disorder as a biomarker.” Lancet Neurol. 2024.
  2. Roy B, et al. “Sleep disturbances in long COVID.” Nature Sci Sleep. 2023. PMCID: PMC10724798.
  3. Hedner J, et al. “Sulthiame for OSA: A randomized controlled trial.” Am J Respir Crit Care Med. 2023.
  4. 4. Foster RG, et al. “Circadian rhythms and metabolic disease.” Cell Metab. 2023.

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