AGENCIA de NOTICIAS LOCALES y CIUDADANAS de ANDALUCÍA

Radios para comunidades aborígenes: Un proyecto desde las escuelas. 2004-05

En Argentina, la situación de marginalidad y pobreza es especialmente grave al norte del país, en las provincias de Santiago del Estero, Salta, Jujuy, Formosa y Chaco. Según las últimas estadísticas, estas dos últimas, junto a Corrientes y Misiones albergan a casi dos millones de pobres.

En un contexto de concentración de medios y exclusión social de la población más vulnerable, el Ministerio de Educación del país reconoce la existencia de más de 200 radios en escuelas públicas, en numerosas ocasiones en zonas con alta densidad de población aborigen. A ese alto grado de pobreza y exclusión hay que sumar el aislamiento geográfico y escasos niveles de desarrollo económico. Con este diagnóstico, el colectivo argentino La Tribu y EMA-RTV comenzaban a diseñar un programa de reactivación de las radios comunitarias que con cobertura local, podían acompañar procesos de reafirmación de la identidad de colectivos que por todo lo anterior se encontraban en una situación de bloqueo en las posibilidades de provocar una transformación de su propia realidad.

La exclusión provoca aislamiento e impide el desarrollo intercultural de la conciencia colectiva, también entre las víctimas de la discriminación. El objetivo del proyecto era actuar frente a todo ello, introduciendo la perspectiva intercultural y educativa en la comunidad, incrementando sus niveles de participación y capacitando a la población aborigen para su incorporación a los equipos de producción y gestión de unas radios escolares con presencia mayoritaria de población criolla.

Tras una primera etapa de capacitación, el fortalecimiento de redes sociales y un incipiente desarrollo de relaciones entre etnias, se requería una segunda fase de talleres, en los que el colectivo La Tribu ha encontrado a través de EMA-RTV, la complicidad de instituciones andaluzas con fondos destinados a cooperación internacional.

Integrantes de comunidades aborígenes, promotores de las radios escolares, líderes locales han evaluado los resultados de aquella primera experiencia iniciada por La Tribu, en cuatro regiones del país: la zona andina, de población kolla; en el Chaco salteño y el Ramal jujeño, de etnia ava-guaraní y wichí; la Patagonia, habitada por mapuches; y el centro del país, de población toba. La perspectiva ha cambiado y de las dormidas radios escolares se ha pasado a foros en los que se han revisado criterios de participación y contenidos, así como el papel que ahora tienen como protagonistas de la construcción de un nuevo discurso informativo que refleja su realidad, desde sus conocimientos y reflexiones del papel de la radio en la comunidad y de la comunidad en su contexto geográfico y mundial, como pueblo y como parte activa en el diseño de su futuro.

Tres años de trabajo en el noroeste del país y una primera experiencia radiofónica con el Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE), abrían apetito de más radio, un contagio provocado por el entusiasmo de la ciudadanía y una participación sorprendente en la radio de Quimilí, que desde su inauguración ha mantenido a diario una programación de 24 horas al día. El empuje inicial confirmaba la demanda de comunicación de una población en condiciones extremadamente difíciles, ávidas, no obstante, de un lugar común que compartir. Pese al aislamiento geográfico, pese al desconocimiento inicial de lo tecnológico, pese a las delicadas condiciones económicas, pese a podríamos seguir reproduciendo datos y cifras, pero en resumen, pese a todo, la población de aquella zona elegida casi como foco de un proyecto que sería piloto hasta evaluar los resultados, necesitaba oír y ser oído; en definitiva, necesitaba comunicación.

El objetivo inicial: crear las radios de Quimilí (FM del Monte), Tintina (FM Sacha Huaira) y Los Juríes (FM La Simona) y, una vez capacitados los equipos humanos básicos para su funcionamiento, el desarrollo de los proyectos llevados a cabo con el Movimiento Campesino de Santiago del Estero se orientaba a crear un espacio virtual común que conectara los lugares abiertos por cada una de las emisoras, para responder a su audiencia inmediata. Se imponía comenzar a pensar en red.

El impulso inicial tiene ahora un sentido más instrumental, teniendo en cuenta que nos referimos de una población de unas 300.000 personas. De nuevo la realidad define los objetivos del proyecto. En las zonas urbanas de Santiago del Estero el 60% de la población vive en condiciones de pobreza, un elevado porcentaje de población adulta no ha finalizado el nivel primario y el acceso a la educación formal para niños y jóvenes es complejo por las condiciones de vida de la población campesina. No hay medios de comunicación locales que activen la participación ni den espacio a la identidad de pueblo y sus expresiones autóctonas. Las circunstancias económicas también pueden ser invertidas desde la radio.

En este sentido, hablamos de una población que se dedica fundamentalmente a los sectores primarios agropecuario y forestal, con mínimo desarrollo manufacturero y algunos aportes provenientes de la venta informal de carbón o ganado. El principal cultivo, el algodón, se está complementando con la producción creciente de soja, que pese a suponer cierto alivio económico, va acompañado de un aumento de sustancias químicas y semillas transgénicas, en el 95% del país. El suelo se degrada, no poseen agua potable, electricidad, ni centros educativos accesibles. En este contexto, las familias crecen pero las condiciones siguen siendo precarias.

Las radios de Santiago del Estero pueden convertirse en una vía de transmisión de contenidos que respondan a esta realidad. Las emisoras son ya un referente para las familias y las comunidades en que se asientan, de modo que pueden incidir de manera directa en la escasa alfabetización, mediante la difusión de contenidos educativos.

Teniendo en cuenta el esquema económico de la zona, las radios pueden ser el instrumento de difusión de programas de apoyo al desarrollo rural sostenible, a los sectores productivos ya existentes, con un perfil ecológico menos agresivo hacia un entorno que sin elementos que agraven su degradación, ya se muestra duro con sus pobladores. La radio se convertirá así en un lugar de conocimiento, para la promoción de actitudes productivas y de desarrollo, más respetuosos con el medio ambiente y los recursos naturales de los que vive la mayoría de la población. Un camino de ida y vuelta, en definitiva, para fortalecer la radio incrementando la oferta de capacitación de la ciudadanía y para superar los primeros objetivos ya logrados de puesta en marcha y estabilidad de las tres emisoras.

La experiencia que tienen las radios y el inquietante proceso de participación que han motivado, hacen necesario convertir en audiovisual el espacio social que ya ha conquistado la radio, proyectando para un futuro cercano la instalación de un Centro Cultural Audiovisual en Quimilí. Una nueva ilusión colectiva para trasladar a lenguaje audiovisual los materiales educativos, divulgativos, ecológicos y culturales locales que ya desarrollan en la radio.

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